martes, enero 27, 2009

Textículo X - Comienza la partida

Por fin, después de tanto tiempo desde que publiqué el Textículo IX, aquí está el X. Que lo disfrutéis tanto como yo al volver a este trabajo:

Relato en Textículos de las Gestas y Fazañas del Valiente y Nunca Bien
Ponderado Caballero Frikipedio, paladín de la Justicia y el Honor,
Héroe de la Triunfal Batalla de Eirís, adulto consumado,
Conde Pastafarísimo de Pedia y su pedanía
y Centurión del Exército de Gondwana.
Y otrosí de las cuitas y placeres que
le causaron sus arriesgados
amoríos con la Simpar
Inciclopea

*




Textículo X
Comienza la partida
De vuelta a Pedia, nuestro héroe, Caballero, Conde y Centurión, pudo gastar varias jornadas ordenando sus aposentos, y preparando los asuntos del Condado que debían ser resueltos durante su ausencia. Aunque ansiaba salir a pelear, sentía que su partida no tendría retorno. ¿Qué ignotos peligros le acecharían?


Frikipedio sabía de cierto que tras la marca asturíaca le esperaba el antiguo monje Ramonicum, hoy general cristiano, que seguramente le guardaría algo de rencor por haber sido, de niño, responsable de haber quedado sin dídimos1 que adornasen su viril orgullo. Verdad era que aquel episodio hubiera podido evitarse si el monje Ramonicum no hubiera sido tan porfiado. Pero las cosas habían sido de aquel modo, y ya nada podía recomponerse.
Por otra parte, Judas, el antiguo rey de Gondwana, traidor a su patria, tenía justa fama de negocioso. Durante su reinado gallego había conseguido que los asturíacos devolvieran la preciada plaza de Ribadeo. Ahora, esa habilidad de unir intereses estaba en contra de Pangea. ¡A saber con qué enemigos podría haberse aliado ya! Se decía que en los bosques donde el Traidor se ocultaba con su ejército, vivían seres fabulosos y temibles, como los canguros asesinos, la hidra de múltiples cabezas, las damas de velos blancos y hasta la temida Bruja Piruxa. Si a ellos se unían ogros, trasnos y otras criaturas menores, la batalla estaría perdida, antes incluso de comenzar.
Sólo restaba confiar en el buen juicio de Rataube I, el nuevo rey, al aliarse con el emperador asturíaco, Bable II el Oscuro. Pero por añadidura, ¡sería menester que las tropas de Krusher se mantuvieran fieles a su juramento!
Frikipedio ocupaba su mente en aquestas tribulaciones, mientras esperaba su centuria, que poco a poco estaba siendo reclutada a la fuerza entre sus súbditos de mayor confianza. Al tiempo, despachaba los asuntos más urgentes de su gobierno con ayuda de su madre, la gentil Uncyclopedy, que gobernaría el condado cuando él faltase.
Mas casi cuando ya todo estaba en orden, escuchó noticias turbadoras. Más turbadoras incluso que su incierto destino en tierras extranjeras. Más turbadoras hasta que la perspectiva de encontrarse, cara a cara, con las damas de los velos blancos o la terrible bruja Piruxa:
Su padre, Sir Wikifredo de Entrerredes, volvía de Roma.
Era un rumor, lo comentaban donceles y damas de compañía. Lo comentaban en las tabernas y en las plazas de los pueblos. Pero se diría que el cielo lucía de otro modo y que a lo lejos, el bramido formidable de la voz del antiguo conde acompañaba a las tormentas, y no los truenos.
Frikipedio ansiaba, ahora sí, partir. Ante la vuelta de Sir Wiki era inevitable la confrontación. Las leyes pedenses eran muy estrictas respecto a las sucesiones, y el flamante joven conde sabía que si se encontraba con su padre, tendría que luchar hasta la muerte, pues como reza el lema del escudo de Pangea, “sólo puede quedar uno”. Y ese lema se ha hecho ley, de modo que tan sólo uno puede ser Rey al mismo tiempo, y tan sólo uno puede ser Conde de Pedia de cada vez.
Así pues, nuestro héroe apresuró su partida, y para evitar una inútil pérdida de sangres propias, quizá conmovido por haber en cierto modo usurpado ilegalmente el trono de su padre, al que sabía vivo2, dejó dispuesto que al regreso de Sir Wikifredo le fueran restituidos sus privilegios y estipendios, volviendo a él la pesada corona de la pedanía. Uncyclopedy, con su rubio cabello al viento, lloraba sosteniendo el documento que contenía la amarga renuncia de su hijo. Frikipedio partía.
Pero nada afligía ya a nuestro paladín. Como es sabido, una vez en batalla, un soldado vale por su gallardía, no por su alcurnia. ¡Era tiempo de servir al Rey!

Fin del Décimo Textículo

1Testículos (dedeemaas en el original). Ver textículo III: Infancia de Frikipedio

2Véase Textículo VII: Noticias de Roma


2 comentarios:

RTB612 dijo...

Me gustó. Si nos anuncias que el onceavo capítulo llega en menos del mil años, releeré con ganas los anteriores, que después de tanto tiempo cuesta recordar el hilo de la historia.

Juankmu dijo...

Por fin!! después de tantos años el frikipedio vuelve a las andanzas!